7.1.3. Prevención de la TB en la población infantil y adolescente con infección por el VIH

Los esfuerzos mundiales para contener la epidemia concomitante de TB e infección por el VIH serán beneficiosos para la población infantil y adolescente. Entre estas medidas, se cuenta la ampliación de los programas de prevención de la transmisión maternoinfantil, lo cual reducirá el número de infecciones nuevas por el VIH en la población infantil de corta edad. Además, toda la población infantil con infección por el VIH debería someterse al tamizaje de la TB y debería ofrecerse, a toda la población infantil y sus familias que tienen TB, pruebas diagnósticas y asesoramiento sobre el VIH en los entornos con prevalencia alta de esta infección.

Todo niño, niña o adolescente con infección por el VIH que es contacto del hogar de personas con TB contagiosa debería evaluarse para detectar la enfermedad por TB y administrar, ya sea el tratamiento para la TB o el TPT, si las pruebas de tamizaje indican que es improbable la presencia de enfermedad por TB (véase el capítulo 3). Se necesitan enfoques innovadores que garanticen la detección de la coinfección en la población infantil y la prevención de la enfermedad, cuando sea posible. Esto requiere la integración de los servicios y las actividades colaborativas sobre la TB y la infección por el VIH por parte de los programas nacionales de TB y VIH y otras partes interesadas (167).

Los lactantes y la población infantil con infección por el VIH no deben recibir la vacuna contra la TB porque tienen un riesgo aumentado de presentar enfermedad diseminada por el BCG. Sin embargo, debería vacunarse a los lactantes y la población infantil con infección por el VIH que reciban TAR, se encuentren en buenas condiciones clínicas y estables desde el punto de vista inmunitario (véase el capítulo 3) (31).

En el capítulo 2 se describe la estrategia de tamizaje y manejo de la población infantil y adolescente con infección por el VIH que es contacto de una persona con TB. Un niño o niña con infección por el VIH que se expone a una persona con TB contagiosa corre un riesgo especialmente alto de presentar enfermedad por TB (15, 22, 167). La OMS recomienda que los contactos del hogar de las personas con TB contagiosa deben someterse a un tamizaje de síntomas de la TB. Si se descarta la TB, se debe ofrecer el TPT a los menores de 5 años, sin tener en cuenta su estado frente al VIH ni la disponibilidad de pruebas para la infección por TB. A la población infantil a partir de los 5 años y la población adolescente y adulta que son contactos del hogar de personas con TB pulmonar confirmada bacteriológicamente y en quienes se haya descartado la TB activa mediante una valoración clínica apropiada o de conformidad con las directrices nacionales, se les puede administrar el TPT, sea cual fuere su estado frente al VIH.

La población adolescente e infantil de 12 meses o más, que tiene infección por el VIH y poca probabilidad de tener enfermedad por TB, debe recibir el TPT como parte del conjunto integral de la atención de la infección por el VIH, sin tener en cuenta los antecedentes de contacto con un caso de TB. El TPT también debe administrarse a la población adolescente e infantil de 12 meses o más que reciba TAR, a las embarazadas adolescentes y a la población adolescente e infantil de 12 meses o más que haya sido tratada previamente por TB, sin tener en cuenta el grado de inmunodepresión ni la disponibilidad de pruebas para la infección por TB. En los lactantes menores de 12 meses con infección por el VIH, la recomendación es que deben recibir el TPT si están en contacto con una persona con TB y es poco probable que tengan la enfermedad por TB, según una valoración clínica apropiada o de conformidad con las directrices nacionales (véase el capítulo 3) (15, 28).

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